El subcomandante se miraba en un espejo, ora probándose el pasamontañas, ora quitándoselo para comprobar qué efecto hacía. Dubitativo, lo mantuvo en sus manos, hasta que bruscamente una educada tos a la entrada de su tienda de campaña vino a sacarle de sus ensoñaciones.
-¡Señor! ¡Hemos capturado a un espía! ¿Lo hago pasar?
-¡Ay Dios mío! ¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡Y yo con estos pelos!
Al final pasó un hombre alto que transpiraba grandemente, con caudalosos ríos de sudor cayendo desde su frente enrojecida por el sol hasta su camisa caqui, donde formaban remansos y lagos bajo el sobaco. Miraba el mundo con ojillos de perro pachón, y llevaba la palabra imbécil estampada en su cara con tinta indeleble:
-Oiga, ¿por el amor de Dios, ¿no tendría una Cocacolita aunque fuera...?
Y sacaba su lengua jadeante, como hacen los perros pachones.
El subcomandante lo escrutó de arriba abajo con sus ávidos ojos y al final exclamó:
-¡La reputa! ¿Y este pendejo qué va a ser un espía? A ver, hijo mío, explíquese...
El gringo alto pareció despertar, se secó la frente con una manga que quedó empapada y empezó a hablar:
-Me llamo Francisco José; con su permiso...
Rebuscó en sus bolsillos con la manga empapada y, tras una ardua tarea de excavación en la que fueron aflorando canicas, envoltorios de chicle y una estampa de la Virgen de Guadalupe, encontró un papelillo arrugado y mostrenco que alcanzó al subcomandante. El subcomandante, veterano guerrillero, llevaba treinta años viviendo en la selva Lacandona; había comido jaguar, se había embadurnado de barro para escapar de los federales y había acariciado la espalda de sapos para fabricar dardos venenosos como le enseñaron los indios de la zona; y sin embargo, dudó antes de coger la tarjeta que le pasaba el desconocido.
-Francisco José Wittinger -leyó con esfuerzo- ¡Periodista! -deletreó con visible alegría en cuanto rumió su significado- ¿y esto? Emperador de Austria, Rey Apostólico de Hungría, Rey de Bohemia, Croacia y Eslavonia, Dalmacia, Galicia y Lodomeria e Iliria. ¿Me toma el pelo?
-Con todos mis respetos, señor, no; soy nieto bastardo del penúltimo emperador austrohúngaro y su legítimo heredero. Verá, todo sucedió en Viena en 1907...
Nuestro periodista estaba muy orgulloso de esta historia, que gustaba de contar a la menor ocasión, y tampoco aquí, en mitad del cuartel general de los rebeldes de la selva Lacandona, hizo una excepción.
-... y así fue como, por culpa del conspirador Zotornik, mi rama dinástica fue apartada del trono y el Imperio cayó, señor.
El subcomandante lo miraba desesperado, preguntándose qué mal había hecho para merecer semejante castigo. Luego recordó cómo había contagiado con la sífilis a un pelotón entero de cantineras, y suspiró con resignación.
-Bueno, pero usted es periodista, ¿no?
-Sí, señor. Bueno, es un decir, es una larga historia, verá...
-¡Es igual, es igual! -el subcomandante mordió su pasamontañas con rabia, cortando en seco la sin duda apasionante historia de aquel zoquete prodigioso. -El caso es que ya no vienen muchos de su gremio por aquí. Antes... ¡Antes! Esto estaba a rebosar. Venían, se hacían fotografías conmigo y los muchachos, con autógrafos y todo; las colgaban en sus cuartos junto a los retratos de Kurt Cobain y Locomía -era lo que se llevaba en aquellos tiempos, entiéndame. El jefe de mi división de ventas me informó de que, durante un trimestre -¡un trimestre entero!- mi camiseta fue más popular que la del Che. Luego ambas fueron superadas por la de la Macarena. Karl Lagerfeld hizo desfilar a sus modelos con pasamontañas en homenaje a nuestra causa. Sí... París era una fiesta.
Se oyó sollozar al subcomandante. Conmovido, comenzó a abrazar a su sudoroso visitante.
-¡Y luego...! ¡Luego...! ¡Nada! Pasan de ti como de la mierda. Primero empiezan a hacer chistes. Luego Oliver Stone quiere hacerte una película. Y al final vuelven las palestinas, una y otra vez palestinas, el eterno ciclo de la moda. ¡Y a mí que me den en la selva! ¡Menos mal que al final ha venido usted! ¡Un verdadero amigo! ¡Abráceme, amigo!
-Sí, señor, pero yo...
-No pasa nada, no pasa nada. ¡Volveré a estar en lo más alto! Mi asesor de imagen y yo estuvimos preparando mi regreso estelar antes de que tuviera que marcharse de vuelta a Los Ángeles cuando se me acabaron los fondos. Hijo de...
-No, ya, señor, pero yo...
-Mis Kaláshnikovs llevan cuatro certificados distintos: no PVC, sin plomos añadidos, Certificado Huella de Carbono Feliz y hechos con maderas no amazónicas. Los retretes funcionan con placas solares. Cuatro meses de régimen; me depilé las ingles brasileñas; me hice un huerto zen y he leído No Logo de Naomi Klein. Bueno, leer leer no, pero vamos, que lo tengo ahí sobre la mesilla muy manoseado; usted me hace la foto y basta.
Levantó su mirada hacia el periodista.
-¿Porque usted querrá hacerse una foto conmigo, verdad?
El periodista ya iba a abrir la boca cuando el subcomandante dejó caer su manaza.
-¡Qué tonterías pregunto! Pues claro que querrá, a qué iba a venir aquí si no. Venga, hombre, acérquese, no tenga miedo, ¡Julitaaa!
Vino una de las criadas, o como eran llamadas en el seno del igualitario ejército rebelde, camaradas criadas.
-A ver, Julita, lo de siempre. Que me empolven la nariz con arroz molido, usted ya sabe; los focos de gama baja, para que salga favorecido el pasamontañas, y ¡ah! la guerrera con las medallas. Es que -volvió a dirigirse al periodista- se me olvidó decírselo, me ascendí de nivel, a ver si la prensa se hacía eco, pero nada. Ahora soy Gran Mariscal de Campo y Real e Imperial Maestre de Arcabuceros, ¿sabe lo que es eso?
-Pues...
-Yo no. Lo vi en una iglesia en San Cristóbal de las Casas y mire, no suena nada mal. ¡Venga, Julita, date prisa! ¡Y tráete a François! François es mi cámara. Trabajaba para Elle pero como es francés, usted ya sabe, consideraba que su chic no era completo sin un toque de compromiso. Probó encadenándonse a una nuclear, pero aquello en esos días estaba a la orden del día y no le importaba a nadie. Entonces se vino para acá. Hace seis años que viene dándome la brasa para que le dejemos volver o, por lo menos, le sirvamos unos gofres como los del Bistrot Salomé de la Rue Saint Etienne, pero nada, dice que la tortilla de maíz con chocolate no es lo mismo. ¡Ah, François, ya está usted aquí!
-Oui...
-Siete años aquí y todavía no chapurrea ni siquiera una mala palabra de español; como le decía, es francés; a ver, ya viene mi guerrera, ¿ve qué reluciente? ¡Trufada de medallas, muchacho! ¡La Orden de Lenin, la del Mérito, la Cruz laureada de San Andrés!
-Oiga, ¿eso no es un pin de pipas G?
-¿No se notará, verdad? No, qué tontería, no se notará. ¿Más a la derecha, François?
-¡Oui! ¡Allors! Vous devez sentir la lumiérè sur le visage comme un orage rageux sur la nuit andine et...
-¡Sonría! ¡Perfecto, muchacho! Pasemos ahora a la entrevista. Gracias, François, puedes retirarte... Bien. Primera pregunta. Dispare. No, no dispare, mejor un discurso introductorio. El muro de Berlín ha caído, dicen los defensores del Imperio. La Historia ha llegado a su fin. ¡Ja! Olvidan que la causa del ecofeminismo socialreformista bolivariano indigenista democrático-participativo zoroástrico... ¡Oiga, estése atento o le doy un cachete! Jesús, va a poder ser una entrevista en condiciones o... mire lo que me hace decir. Bueno, es igual. Mire usted las nuevas generaciones. Han perdido el norte. Estaba leyendo el otro día Vogue's Guerilla y realmente es para llorar. ¿Quiénes son los héroes del siglo XXI? ¿Los tupamaros? ¿El sendero luminoso? ¿Los elenos? ¡Olvídese! Las maras salvatrucha. Pffffff... ¡Los ñetas! Por favor, qué ordinariez.
-A todo esto, subcomandante.
-Mariscal. Gran Mariscal.
-A todo esto, Gran Mariscal, quería decirle que yo vine aquí por error.
-¡Ah! ¿Cómo por error?
-Pues si señor, yo vine a la selva Lacandona buscando a los Zetas. Otra narcoguerrilla. Hace tanto tiempo que usted no salía en las noticias que pensábamos que había levantado el plató y vuelto a lo de siempre. ¿No está enfadado, verdad? ¡Pero hombre, no llore, subcomandante!
-¡Mariscal! ¡Gran Mariscal!
-Oy, oy. Pero venga, que no pasa nada. Quince minutos de fama los tiene cualquiera... ¿Ha pensado en meterse en la casa de Gran Hermano? Seguro que...
El sol declinaba sobre la selva Lacandona. En algún lugar de la espesura, los Zetas, embozados, preparaban su último ataque. Y el subcomandante Amargos, un nuevo juguete roto de nuestra cultura mediática, juraba venganza contra un mundo que le hizo creer que estaba en lo más alto y dejó desnudo al emperador.
-¡Señor! ¡Hemos capturado a un espía! ¿Lo hago pasar?
-¡Ay Dios mío! ¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡Y yo con estos pelos!
Al final pasó un hombre alto que transpiraba grandemente, con caudalosos ríos de sudor cayendo desde su frente enrojecida por el sol hasta su camisa caqui, donde formaban remansos y lagos bajo el sobaco. Miraba el mundo con ojillos de perro pachón, y llevaba la palabra imbécil estampada en su cara con tinta indeleble:
-Oiga, ¿por el amor de Dios, ¿no tendría una Cocacolita aunque fuera...?
Y sacaba su lengua jadeante, como hacen los perros pachones.
El subcomandante lo escrutó de arriba abajo con sus ávidos ojos y al final exclamó:
-¡La reputa! ¿Y este pendejo qué va a ser un espía? A ver, hijo mío, explíquese...
El gringo alto pareció despertar, se secó la frente con una manga que quedó empapada y empezó a hablar:
-Me llamo Francisco José; con su permiso...
Rebuscó en sus bolsillos con la manga empapada y, tras una ardua tarea de excavación en la que fueron aflorando canicas, envoltorios de chicle y una estampa de la Virgen de Guadalupe, encontró un papelillo arrugado y mostrenco que alcanzó al subcomandante. El subcomandante, veterano guerrillero, llevaba treinta años viviendo en la selva Lacandona; había comido jaguar, se había embadurnado de barro para escapar de los federales y había acariciado la espalda de sapos para fabricar dardos venenosos como le enseñaron los indios de la zona; y sin embargo, dudó antes de coger la tarjeta que le pasaba el desconocido.
-Francisco José Wittinger -leyó con esfuerzo- ¡Periodista! -deletreó con visible alegría en cuanto rumió su significado- ¿y esto? Emperador de Austria, Rey Apostólico de Hungría, Rey de Bohemia, Croacia y Eslavonia, Dalmacia, Galicia y Lodomeria e Iliria. ¿Me toma el pelo?
-Con todos mis respetos, señor, no; soy nieto bastardo del penúltimo emperador austrohúngaro y su legítimo heredero. Verá, todo sucedió en Viena en 1907...
Nuestro periodista estaba muy orgulloso de esta historia, que gustaba de contar a la menor ocasión, y tampoco aquí, en mitad del cuartel general de los rebeldes de la selva Lacandona, hizo una excepción.
-... y así fue como, por culpa del conspirador Zotornik, mi rama dinástica fue apartada del trono y el Imperio cayó, señor.
El subcomandante lo miraba desesperado, preguntándose qué mal había hecho para merecer semejante castigo. Luego recordó cómo había contagiado con la sífilis a un pelotón entero de cantineras, y suspiró con resignación.
-Bueno, pero usted es periodista, ¿no?
-Sí, señor. Bueno, es un decir, es una larga historia, verá...
-¡Es igual, es igual! -el subcomandante mordió su pasamontañas con rabia, cortando en seco la sin duda apasionante historia de aquel zoquete prodigioso. -El caso es que ya no vienen muchos de su gremio por aquí. Antes... ¡Antes! Esto estaba a rebosar. Venían, se hacían fotografías conmigo y los muchachos, con autógrafos y todo; las colgaban en sus cuartos junto a los retratos de Kurt Cobain y Locomía -era lo que se llevaba en aquellos tiempos, entiéndame. El jefe de mi división de ventas me informó de que, durante un trimestre -¡un trimestre entero!- mi camiseta fue más popular que la del Che. Luego ambas fueron superadas por la de la Macarena. Karl Lagerfeld hizo desfilar a sus modelos con pasamontañas en homenaje a nuestra causa. Sí... París era una fiesta.
Se oyó sollozar al subcomandante. Conmovido, comenzó a abrazar a su sudoroso visitante.
-¡Y luego...! ¡Luego...! ¡Nada! Pasan de ti como de la mierda. Primero empiezan a hacer chistes. Luego Oliver Stone quiere hacerte una película. Y al final vuelven las palestinas, una y otra vez palestinas, el eterno ciclo de la moda. ¡Y a mí que me den en la selva! ¡Menos mal que al final ha venido usted! ¡Un verdadero amigo! ¡Abráceme, amigo!
-Sí, señor, pero yo...
-No pasa nada, no pasa nada. ¡Volveré a estar en lo más alto! Mi asesor de imagen y yo estuvimos preparando mi regreso estelar antes de que tuviera que marcharse de vuelta a Los Ángeles cuando se me acabaron los fondos. Hijo de...
-No, ya, señor, pero yo...
-Mis Kaláshnikovs llevan cuatro certificados distintos: no PVC, sin plomos añadidos, Certificado Huella de Carbono Feliz y hechos con maderas no amazónicas. Los retretes funcionan con placas solares. Cuatro meses de régimen; me depilé las ingles brasileñas; me hice un huerto zen y he leído No Logo de Naomi Klein. Bueno, leer leer no, pero vamos, que lo tengo ahí sobre la mesilla muy manoseado; usted me hace la foto y basta.
Levantó su mirada hacia el periodista.
-¿Porque usted querrá hacerse una foto conmigo, verdad?
El periodista ya iba a abrir la boca cuando el subcomandante dejó caer su manaza.
-¡Qué tonterías pregunto! Pues claro que querrá, a qué iba a venir aquí si no. Venga, hombre, acérquese, no tenga miedo, ¡Julitaaa!
Vino una de las criadas, o como eran llamadas en el seno del igualitario ejército rebelde, camaradas criadas.
-A ver, Julita, lo de siempre. Que me empolven la nariz con arroz molido, usted ya sabe; los focos de gama baja, para que salga favorecido el pasamontañas, y ¡ah! la guerrera con las medallas. Es que -volvió a dirigirse al periodista- se me olvidó decírselo, me ascendí de nivel, a ver si la prensa se hacía eco, pero nada. Ahora soy Gran Mariscal de Campo y Real e Imperial Maestre de Arcabuceros, ¿sabe lo que es eso?
-Pues...
-Yo no. Lo vi en una iglesia en San Cristóbal de las Casas y mire, no suena nada mal. ¡Venga, Julita, date prisa! ¡Y tráete a François! François es mi cámara. Trabajaba para Elle pero como es francés, usted ya sabe, consideraba que su chic no era completo sin un toque de compromiso. Probó encadenándonse a una nuclear, pero aquello en esos días estaba a la orden del día y no le importaba a nadie. Entonces se vino para acá. Hace seis años que viene dándome la brasa para que le dejemos volver o, por lo menos, le sirvamos unos gofres como los del Bistrot Salomé de la Rue Saint Etienne, pero nada, dice que la tortilla de maíz con chocolate no es lo mismo. ¡Ah, François, ya está usted aquí!
-Oui...
-Siete años aquí y todavía no chapurrea ni siquiera una mala palabra de español; como le decía, es francés; a ver, ya viene mi guerrera, ¿ve qué reluciente? ¡Trufada de medallas, muchacho! ¡La Orden de Lenin, la del Mérito, la Cruz laureada de San Andrés!
-Oiga, ¿eso no es un pin de pipas G?
-¿No se notará, verdad? No, qué tontería, no se notará. ¿Más a la derecha, François?
-¡Oui! ¡Allors! Vous devez sentir la lumiérè sur le visage comme un orage rageux sur la nuit andine et...
-¡Sonría! ¡Perfecto, muchacho! Pasemos ahora a la entrevista. Gracias, François, puedes retirarte... Bien. Primera pregunta. Dispare. No, no dispare, mejor un discurso introductorio. El muro de Berlín ha caído, dicen los defensores del Imperio. La Historia ha llegado a su fin. ¡Ja! Olvidan que la causa del ecofeminismo socialreformista bolivariano indigenista democrático-participativo zoroástrico... ¡Oiga, estése atento o le doy un cachete! Jesús, va a poder ser una entrevista en condiciones o... mire lo que me hace decir. Bueno, es igual. Mire usted las nuevas generaciones. Han perdido el norte. Estaba leyendo el otro día Vogue's Guerilla y realmente es para llorar. ¿Quiénes son los héroes del siglo XXI? ¿Los tupamaros? ¿El sendero luminoso? ¿Los elenos? ¡Olvídese! Las maras salvatrucha. Pffffff... ¡Los ñetas! Por favor, qué ordinariez.
-A todo esto, subcomandante.
-Mariscal. Gran Mariscal.
-A todo esto, Gran Mariscal, quería decirle que yo vine aquí por error.
-¡Ah! ¿Cómo por error?
-Pues si señor, yo vine a la selva Lacandona buscando a los Zetas. Otra narcoguerrilla. Hace tanto tiempo que usted no salía en las noticias que pensábamos que había levantado el plató y vuelto a lo de siempre. ¿No está enfadado, verdad? ¡Pero hombre, no llore, subcomandante!
-¡Mariscal! ¡Gran Mariscal!
-Oy, oy. Pero venga, que no pasa nada. Quince minutos de fama los tiene cualquiera... ¿Ha pensado en meterse en la casa de Gran Hermano? Seguro que...
El sol declinaba sobre la selva Lacandona. En algún lugar de la espesura, los Zetas, embozados, preparaban su último ataque. Y el subcomandante Amargos, un nuevo juguete roto de nuestra cultura mediática, juraba venganza contra un mundo que le hizo creer que estaba en lo más alto y dejó desnudo al emperador.

15 comentarios:
Vaya. Hace rato que no escuchaba algo sobre el sub. Qué pena, da lástima el pobre. Pero es que los quince minutos de fama se habían esxtendido ya demasiado.
Un saludo.
Me encanta su uso de la ironía, Lautreamont.
Bueno bueno bueno, debería de comenzar aquí el round ¿no?, ya sabes una de estas luchas verbales que se eternizan y finalmente no encuentran la verdad.
Te diré que mañana tengo un examen de America Latina, que estudio ahora mismo a un personaje que tiene muchisimas coincidencias en espacio tiempo (¿intencionadas? no, monsieur Lautremont no tiene ninguna intención con esto, no más engrandecer a los Zetas). Claro, todo esto es una ficción, y hay que tomarlo como tal.
Es un retrato inexacto. Es completamente insultante.Y ahí esta precisamente la genialidad de este escrito. Muy bueno. Una critica mordaz y a la vez inocente, nose bien en que. Aplausos.
Como supondrá yo estoy con Marcos. Y supongo que un buen doceañista como tú se alegre de que las guerrillas se acaben.
Vladimir, no quería rounds esta vez. Tú mismo lo dices, es un texto de lo más inocente.
Me gusta la sátira de un archifacha como Gógol, y en estos momentos estoy disfrutando "Las aventuras del buen soldado Svejk", la demoledora diatriba de un comunista contra todo lo que se mueva. No tengo prejuicios en esto de la comedia. La cuestión no está en con quién te metas, sino en si lo haces con gracia.
Además, ¿qué es eso de que me alegro de que las guerrillas se acaben? ¿De quién me reiría entonces? Un poco de piedad, que todos hemos de vivir de algo.
Sobre el subcomandante... te dedico el vídeo de Jesús Quintero, ¡mwahahahaaa! Creo que en su absurdo es más descacharrante que diez ladrillos de estos. ¿Por qué nadie le explicó al subcomandante quién era Quintero?
Juas, juas, juas!!! He ido encadenando una risa detrás de otra. Creo que esto lo debería leer el Gran Mariscal Marquitos...
Saludos Lautréamont!
Oh, ¡Las aventuras del buen soldado Svejk lo quiero leer yo! El precio de la edición (encantadora, por lo demás) me ha estado deteniendo. Dígame qué tal una vez que lo termine.
Pues se lo puedo decir ya mismo porque no tiene final; Hasek se murió cuando lo llevaba por la mitad y se quedó tal y como él lo dejó. Me quedan unas 150 páginas y no creo que vaya a cambiar mucho.
Gracioso, original, Svejk es un personaje entrañable. Aviso ya: el libro da vueltas sin llegar a ninguna parte, dando saltos entre anécdota y anécdota. No tiene más trama que ver a Svejk hacer el imbécil; es pura literatura de evasión y es el libro que me hacía falta para la temporada de exámenes. El único "pero" sería la longitud, aunque como lectura veraniega es un plus.
Pensé que me pasaría como con "Viaje al fondo de la noche", que me acabó cargando, pero no: Hasek no tiene ganas de hacer de cada frase una pirueta para demostrar su ingenio, y por eso resulta mucho más ameno de seguir. Además de ello, hay que señalar que la mitad del libro es autobiográfico, lo cual sirve para hacerse una idea de lo mal de la cabeza que estaba su autor; imposible que no resulte simpático.
Pero que no lo lea mucha gente, que si no se verán cuántos recursos plagio a los buenos escritores cuando escribo textos como este.
PD: Por si no se notaba, los checos (y especialmente las checas) siempre me han caído en gracia.
Que tendran las checas madremia...
Ah! en el examen me han pregunado por el subcomandante Marcos, y si en vez de un examen hubiese sido un trabajo, habría remitido a este cuento.
Lo que sí he hecho es citar al Video de Quintero. Podemos ver al Subcomandante dubitativo ante un posible canibal-homicida, el cual no es que se haya lucido con las preguntas.
Porcierto, creo que el tema de la pregunta te daría la idea para un relato. Comparar el proyecto de Ernesto con el de Marcos. No si encima dar ideas al enemigo...
Última cosa. Debido al agravio contemplado en este post, pronto lanzaré un contrataque, así que mantente alerta.
P.d: Que guay, ya aviso de mis movimientos como el subcomandante marcos o las milicias en la guerra civil.
FIN DEL COMUNICADO
José ha destapado su identidad?xd
Tio, no sé que es más inquietante de este texto, que estés fascinado por locomía o que conozcas a Karl Lagerfeld
Oiga, cáguese en Céline todo lo que quiera, como apostol de su verdadera palabra no he tenido mucho éxito; pero el viaje es al fin, no al fondo de la noche. No son las aventuras de un limpiador de letrinas. "Piruetas para demostrar su ingenio"... ah, madre mía... Juventud descarriada; pegará posters de Joyce en las paredes..., babeará por Becket (que carece de todo ingenio) y despreciará a Sófocles por simplón... Yo culpo a las escuelas. Y haber nacido el 88 debe ser atroz..., generación de apóstatas literarios... Bueno, no es momento para una apología de Céline, dios tenga bien alto su alma, pero rezaré por usted.
Preguntaba por el "Las aventuras del buen soldado Svejk" porque Kundera habla en muy buenos términos del libro, y por razones que me interesan. Dice que es la última gran novela cómica y popular de la era moderna (bien entendida). Las obras cómicas se oponen radicalmente a las trágicas, por lo que no me extraña que de vueltas sin llegar a ningún lado, pues eso de llegar a alguna parte es propiamente trágico (ah, qué culto y refinado sueno: es puro bla bla). Pero lo importante del asunto es la ironía, que Kundera considera la característica fundamental de la novela. Todo muy interesante, le recomiendo El arte de la novela, de Kunderita.
Kundera es checo; normal que hable bien de la novela, dado que para ellos es algo así como su Quijote. Kafka cometió dos pecados a ojos del pueblo checo: el primero, ser judío, y el segundo, escribir en alemán. Por eso prefieren a Hasek.
No sé si es un poco exagerado decir que es la última novela cómica y popular; Kundera sabrá. A mí me recordó mucho a "Viaje al fin de la noche" por su premisa inicial: un imbécil que se va a la guerra (primera mundial, en los dos casos). Pero Bardamu es un imbécil amargado, y Svejk un imbécil encantador.
No es que no me gustara la novela de Céline ni su estilo, al revés. Simplemente, acabé agobiado. Tanto insistir en la miseria de la humanidad y en lo despreciables que somos acabó por saturarme: no le niego momentos brillantes, pero insiste demasiado machaconamente en su mensaje. Hasek juega con ventaja: no tiene mensaje. También es un pesimista antropológico, pero no pone la narración al servicio de una idea; se deja llevar por la historia.
Discutiremos de ello; recomiendo la novela. Mónica Zgustová ha hecho además un trabajo de traducción buenísimo, de los que no abundan. Ah, y su insulto a Beckett no quedará impune.
No es un insulto: es un diagnóstico. Si quisiera insultar a Becket... jo..., insultar a Becket... Es que me relamo sólo de pensarlo...
Discutámoslo cuando quiera; esa novela es uno de mis temas favoritos. Le diré que no la creo fácil de leer. Con eso no quiero decir que sea complicada por afección de estilo, como Joyce, o por abundar en cochinas metáforas archicultas. Requiere, creo, una cierta disposición de espíritu. Yo, por ejemplo, la leí la primera vez completamente horrorizado. Solo el Corazón de las tinieblas me ha parecido que ahonda tanto en lo más infecto —y, por una lógica pesimista, verdadero— de lo humano —y, también, Muerte a crédito, claro. Pero donde Conrad pinta solo en tonos de horror, Céline es mucho más complejo. En mi segunda lectura, no podía parar de reírme a carcajadas: esa variedad posible de la sensación de lectura, por llamarla de algún modo, me parece una de sus grandes maravillas (y, creo, la pierde un poco en sus novelas posteriores, Ferdi. Muerte a crédito es pura miseria, a litros.
Y el personaje de Bardamu es un imbécil, sí, pero solo al inscribirse para la guerra. La guerra le enseña una cosa o dos, y no creo que a partir de entonces podamos decir que lo sea. En realidad, me parece que Bardamu es de los pocos personajes, en la historia de la literatura, que son auténticamente buenos. No con esa bondad empalangosa y rebosante de mala fe que tiene, por ejemplo, un Monseñor Bienvenido, en ese panfleto que es Los miserables (el musical mola), sino una bondad... que, che, no puedo describir.
Y hay, en la novela, escondidos unos gestos de ternura que me anegan el corazón. Y fíjese, que no soy muy dado a hablar de esa bolsa de colesterol que es el corazón.
Por no hablar de su pluma. La mejor.
Por otra parte, ¿novela con mensaje? Novela con visión de mundo, si quiere; pero si por mensaje entendemos "¡salven a las ballenas!" y moralejas por el estilo, definitivamente no es el caso. El único propósito de la novela es el placer de leerla.
Bueno, bueno, no me dejo llevar más por mi tendencia a hablar de la niña de mis ojos.
¡Salute!
Sin entrar en las cuestiones sobre literatura:
Me tenía usted ganado sólo con el título, ya que aunque un servidor no ve con tan malos ojos el tema de las subvenciones no obstante tengo un par de inconventientes a la hora de tratar con este señor.
Fantástico texto Lautréamont... Y revise su opinión de "Viaje al fin de la noche", porque dentro de unos años su lectura puede estar perseguida.
Publicar un comentario en la entrada