martes, 1 de junio de 2010

Medio año de lecturas

1. Carta de Lord Chandos, Hugo von Hoffmansthal

"O sobre la condición inefable de la realidad". Pues, como decíamos ayer, Huguito de Hoffmansthal es un pesado de marca mayor, e incurre en esa gran ironía de escribir para comunicarnos, oh lectores, por qué es absurdo escribir. Porque la Realidad es cambiante, flotante, y el arte no puede aspirar a capturarla, etc, etc. Pero lejos de la elegancia de un pintor de mundos flotantes japonés, vemos aquí en acción su característico estilo pedantesco y arcaizante, impostando la voz de un noble inglés del siglo XVI/XVII que se cartea con Francis Bacon. No, definitivamente no.

Eso sí, al menos es breve.


2. La pell freda, Albert Sánchez-Piñol

Novela de aventuras, digamos... "juvenil". Se lee de un tirón, se lee con ganas, se olvida rápidamente. Un revolucionario irlandés se exilia en una isla desierta en algún lugar del Atlántico Sur. Convive con un farero demente, Batís Caffó, y tendrán que aprender a convivir para enfrentarse a un inesperado -y algo cutre- peligro. Hay escenas lamentables de sexo interespecial, intriga y reflexiones filosóficas algo costrosas. Final inevitablemente insatisfactorio como -dicen los que entienden- el de Lost. Para pasar el rato.


3. Los justos, Albert Camus

Interesante obra de teatro camusiana sobre una célula terrorista en la Rusia prerrevolucionaria que debe atentar contra la vida del Gran Duque. Camus pone en juego personajes más o menos convincentes enfrentándose al dilema supremo de matar o morir por una Idea. Bien escrita, sin resultar moralista, merece una revisión.


4. Decamerón, Boccaccio

Bueno, por algo se llama clásicos a los clásicos, ¿no? En la Florencia azotada por la peste, diez jóvenes nobles -siete mujeres, tres hombres- se retiran escapando de la fealdad, la muerte y el asco. Durante diez días, contarán cuentos a la sombra de los árboles. Cien cuentos, por lo tanto, algunos más interesantes, otros menos; algunos puro estereotipo, otros insospechadamente modernos. Para el que no la haya visto, la película de Pasolini recoge diez de ellos en una delicia hedonista, ejemplo de cómo adaptar un texto clásico. Ejemplo de cómo no hacerlo: el infumable "Romance de Astrea y Celadón" de Eric Rohmer.



La horrible música setentera no consta en el original


5. España invertebrada, Ortega y Gasset

Ufff... qué decir de esta obra. Empezando por el estilo, pedante y retórico hasta decir basta -¡y miren quién lo afirma!-, La España invertebrada es el confuso batiburrillo del pensamiento político de Ortega y Gasset. Su notoria empanada mental le llevó a ser simultáneamente "liberal" anti-individualista, socialista de salón, mentor intelectual de las juventudes fascistas españolas y nacionalista enemigo de los nacionalismos. Todo ello apunta ya en este temprano ensayo (1921), plagado de incoherencias, teorías absurdas -el "problema español" se retrotrae nada menos que a tiempos de los visigodos- y, naturalmente, su nunca suficientemente ponderada teoría elitista y "orgánica" de las sociedades, panacea para todo mal. Por cierto, ¿de qué me sonará eso de "democracia orgánica"? Ah, ya caigo...

Si Ortega y Gasset viviese hoy, tendría un blog.

Citas: Porque no existe otro medio de purificación y mejoramiento étnicos que ese instrumento de una voluntad operando selectivamente. Usando de ella como un cincel, hay que ponerse a forjar un nuevo tipo de hombre español. No basta con mejoras políticas: es imprescindible una labor mucho más profunda que produzca el afinamiento de la raza.

Delicioso, delicioso.

6. / 7. Mente y materia y Ciencia y Humanismo, Erwin Schrödinger

Otro petardeo. Salvo cuando habla de lo que sabe -principio de incertidumbre, la "nueva física"- Schrödinger no hace sino mear fuera de diversos tiestos, a cada cual más lejos, cual varonil proeza de bar. La teoría de la evolución "voluntarista" de Uexküll, ampliamente desacreditada -y de la que, por cierto, también bebía Ortega, al cual amistosamente se cita en "Ciencia y Humanismo"- es la base de este endeble edificio que, entre sus intrincadas palabras, enmascara el más ridículo misticismo.

8. La novela de España, Javier Varela

Divertidísima revisión crítica de la intelectualidad española desde la Literatura del Desastre hasta la Transición. Momento en el que, se asume, ya desaparece la figura del intelectual. Krausistas, noventayochistas, institucionistas, el amigo Ortega, Menéndez Pelayo, las lumbreras del nacionalcatolicismo, Américo Castro y Sánchez Albornoz fosilizados en sus estériles pesquisas... pasen y vean el ruedo ibérico.

El protagonista es, ante todo, ese "problema de España" -de ahí el título-, en torno al cual giró onanísticamente la tarea de nuestra castiza intelectualidad, rompiéndose cráneos y arrojándose en cunetas por un quítame allá esas Covadongas. Unos salen mejor parados que otros, pero es una interesante y -ejem- "necesaria" revisión crítica de la tarea del intelectual.

El problema, tal vez, es que entre tanta anécdota se pierde de vista parte del pensamiento de los diversos intelectuales apaleados en esta obra. Pero es que escenas como Joaquín Costa en el Congreso, rodeado de cuatro navajeros aragoneses vestidos con traje regional amenazando con rajar al que no escuche, son impagables. Amén.

9. En el borde del mundo, Juan Guzmán Tapia


10. La razón y la sombra, Antonio Elorza

Biografía crítica de Ortega y Gasset; muy completa, nada servil -raro entre la adulación inmisericorde a que se somete al Filósofo Español-, explora bastante bien sus contradicciones políticas, que no son pocas, y sus repetidos fracasos públicos como origen de su deriva elitista.

Sin embargo, la pregunta queda en el aire: ¿y a quién demontres le interesa leer sobre Ortega y Gasset a no ser que se vea forzado a ello?


11. Postwar, Tony Judt

Monumento de libro, subtitulado "Una historia de Europa desde 1945". Abarca la historia desde el armisticio alemán hasta prácticamente nuestros días, e incluye toda Europa, de Lisboa a Minsk. Bien escrito, buscando las tendencias comunes sin olvidar el detalle, algunas décadas -50s y 60s- resultan más logradas que otras -70s y 80s. Además, no hace una historia sólo política, sino también cultural -un inmenso acierto-, incluyendo los debates intelectuales del momento y su plasmación en la cultura "de masas". Políticamente, Judt hace una defensa convincente de la socialdemocracia europea, que aunque no comparto, es lo suficientemente crítica y honesta como para hacerla respetable.

En el excelente epílogo, se plantea la tan traída cuestión de la memoria histórica:

"The first post-war Europe was built upon deliberate mis-memory -upon forgetting as a way of life. Since 1989, Europe has been constructed instead upon a compensatory surplus of memory: institutionalised public remembering as the very foundation of collective identity. The first could not endure -but nor will the second. Some measure of neglect and even forgetting is the necessary condition for civic health.

To say this is not to advocate amnesia. A nation has first to remember something before it can begin to forget it. Until the French remembered Vichy as it was -and not as they had chosen to misremember it- they could not put it aside and move on. The same is true of Poles in their convolluted recollection of the Jews who once lived in their midst. The same will be true of Spain, too, which for twenty years following its transition to democracy drew a tacit veil accross the painful memory of the Civil War.

[...]

The instrument of recall in all such cases was not memory itself. It was history, in both its meanings: as the passage of time and as the professional study of the past.

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Como puede verse, este medio año ha sido bastante menos rico en lecturas que el anterior; sobre todo, el consumo de literatura en la dieta ha sido reducido prácticamente a cero -con pequeñas dosis ocasionales, como el yonqui que se adapta a la abstinencia con metadona. El motivo, aparte de la pérdida de fe y gusto en la ficción -pero, al fin y al cabo, ¿qué no es ficción?-, puede cifrarse en el tamaño de los mamotretos -especialmente "Postwar"- y en un insano aumento de literatura efímera -periódicos y revistas- o directamente de "baja literatura" -cómics que no alcanzan el estatus de "novela gráfica"- y cine. Como un mes alternando comidas en el McDonalds y una dieta vegana: todo el mundo debería probarlo al menos una vez para sentirse vivo.